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¿Como ha caído Grecia al borde del default?

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El futuro económico del pueblo griego se encuentra en una encrucijada; por un lado, una miseria continua en la forma de austeridad y condiciones de negocios agobiantes conforme el país sigue luchando por recuperarse, mientras prosigue con sus obligaciones para con sus socios de la Zona Euro; por otro lado, la posibilidad de un nuevo comienzo y un retorno al dracma, pero a un probable costo elevado en el corto plazo conforme el país se ajusta a la realidad de salir de la red de seguridad del Euro, y se embarca en su propio camino.

En esta coyuntura, los titulares sobre los problemas económicos griegos se han vuelto tan comunes que puede ser difícil de recordar cómo hemos llegado hasta aquí, y difícil imaginar algo que pueda  cambiar dado lo arraigado del paradigma actual. Grecia y sus acreedores se han encerrado en un tira y afloja en sus negociaciones durante años – ninguna de las partes está dispuesta a soltar suficiente cuerda para desenredar el lío, y al mismo tiempo sin la valentía ni la capacidad de decisión como para dejar de lado la cuerda por completo.

Con 5 años de intentos de soluciones y ningún progreso significativo – la economía griega es ahora más o menos un 30% más pequeña de lo que era en el pico de 2008. Este es un testimonio de los tiempos difíciles de la austeridad – donde el país está tratando de reducir los gastos y desembolsos del gobierno, mientras lucha por incrementar los ingresos fiscales. Este programa fue pensado para reducir la deuda de Grecia al nivel del PIB del país de tal manera que fuera más manejable.

El problema con este sueño, sin embargo, es que una contracción presupuestaria del gobierno y el aumento de impuestos actúa como un freno a la economía. Como el gasto del gobierno es un componente importante del PIB, una caída o contracción de esta parte de la cifra del PIB puede conducir a una contracción significativa en la tasa de crecimiento de todo el país. No sólo esto, algunos estudios ponen el multiplicador en el gasto del gobierno como muy por encima de 1 – lo que significa que por cada dólar que el gobierno ahorra, la economía se contrae por un valor más elevado – lo que hace que todo el proceso sea como correr en una caminadora.

Para una economía tratando de reducir su carga de la deuda esto puede ser una espiral de muerte de declive autoreforzado:

  • La disminución de la producción nacional reduce los ingresos imponibles disponibles – por lo tanto, los ingresos fiscales caen, por lo que es cada vez más difícil pagar la deuda;
  • A medida que la economía se ha contraído, la relación de la Deuda con respecto al PIB en realidad se hace más grande – dado que el componente del PIB es menor en relación con el componente de la deuda;
  • Los rendimientos de los bonos suben, por lo que es más costoso para el gobierno pedir prestado;
  • Los acreedores ven que el país no está cumpliendo con sus objetivos y continúan tratando de imponer medidas de austeridad más duras;
  • El proceso se repite, y el país se queda estancado, mientras que el problema de la deuda no se resuelve.

La razón de que Grecia ha sido afectada por este declive reforzado continuo se ha debido en gran medida a la realidad de ser parte de una unión monetaria en la que no tiene un control total sobre su propia política monetaria. La política para el euro es establecida por el BCE y el BCE debe determinar la política monetaria tomando en cuenta la situación financiera de Europa en su conjunto, y no la situación de un solo país. Grecia podría requerir una tasa de interés más baja que la de Alemania en este punto en el tiempo, sin embargo, bajo el sistema del euro, ambos países tienen que compartir la misma política monetaria independientemente de si uno tiene una economía recalentada y el otro se encuentra en una depresión.

Otros países tienen niveles de deuda mucho más altos en relación con el PIB y otras medidas, sin embargo el rendimiento de sus bonos siguen siendo más bajos que nunca a pesar de esto; por lo tanto el mercado de bonos sigue confiando en su capacidad para pagar la deuda. Japón, por ejemplo, tiene una deuda bruta como porcentaje del PIB de más del 200% – sin embargo, los tenedores de bonos no están luchando para tratar de recuperar su dinero y los rendimientos permanecen por debajo de 0,50% para el bono de 10 años.

La diferencia entre Japón y Grecia es que al Banco Central de Japón sólo se le encomienda la labor de velar por el funcionamiento de la política monetaria del propio Japón – de hecho puede imprimir dinero, comprar sus propios bonos, fijar las tasas de interés y los rendimientos en cualquier nivel que prefiera, y generalmente tiene la flexibilidad para controlar su ecosistema financiero. Grecia, por su parte, no puede fijar sus propias tasas de interés, no puede imprimir dinero para comprar sus propios bonos, no puede establecer objetivos de rendimiento que respetará el mercado y el BCE no tiene permitido financiar gobiernos como parte de su legislación. Esto significa que la austeridad no es simplemente una política que puede ser compensada por medio de una política monetaria acomodaticia, sino que es una política que agrava y extiende las dificultades de Grecia debido a que está en un sistema financiero rígido. Grecia, al ser un usuario de moneda, pero no un emisor de moneda, es relativamente impotente cuando se trata de administrar su carga de la deuda.

La elección del partido de izquierda Syriza trajo algo de esperanza (para los griegos) y de temor a los acreedores de que Grecia podría tener una posición más dura en las negociaciones, tal como el Primer Ministro Tsipras indicó – para luchar contra una “crisis humanitaria” que existe en su país.

También hubo sugerencias durante las elecciones en torno a la posibilidad de realizar un voto para decidir si el país debe permanecer dentro de la Zona Euro, aunque aún no se han dado pasos en este sentido. Por desgracia, se ha vuelto cada vez más difícil para ambas partes sentarse a negociar y avanzar. Este año ha sido particularmente apremiante, con Grecia teniendo que aplicar continuamente soluciones temporales de corto plazo con el fin de liberar fondos de rescate para mantener el país funcionando sin problemas.

La crisis está llegando a otro posible punto de ruptura a finales de este mes, cuando el acuerdo de rescate actual expira en la fecha límite del 30 de junio y ningún nuevo acuerdo ha tomado todavía su lugar para asegurar la liberación de una cantidad de fondos adicional de 7200 millones de euros que el gobierno griego necesita para seguir funcionando. El gobierno griego se reunió con los acreedores el jueves, el fin de semana, y de nuevo el lunes en un intento desesperado para traer nuevas concesiones a la mesa y asegurar un nuevo acuerdo de rescate.

La actual ronda de negociaciones se centran en varias reformas posibles incluyendo la edad de jubilación, el mercado de trabajo y el IVA. A partir del 22 de junio, el Primer Ministro Tsipras había ofrecido establecer el IVA al 23% y aumentar la edad de jubilación hasta los 67 años. Los mercados europeos movieron al alza gracias a la esperanza de un acuerdo, sin embargo, sin el sello oficial de aprobación de los ministros de Finanzas del Eurogrupo el acuerdo aún no está aceptado. Esos ministros se reunieron el miércoles y el jueves para revisar el acuerdo – con las expectativas de un anuncio el jueves sobre si el acuerdo puede ser aprobado, lo cual simplemente no ocurrió.

¿Qué puede ocurrir ahora?

Lo que aumenta la presión para alcanzar un acuerdo es que Grecia tiene actualmente un déficit importante de dinero en efectivo para pagar a sus acreedores, teniendo que cancelar la suma de 1,6 mil millones de euros al FMI el 30 de junio. En caso de que el gobierno griego no sea capaz de cumplir con este pago, entonces el país sería considerado por algunos como en default – aunque sobre una base técnica, el FMI suele calificar a un país en esta condición como “en mora” en lugar de en default, lo que significa que debe pagos atrasados a la organización supranacional.

Esto no es una catástrofe inmediata y repentina en sí misma, sin embargo el escenario de incumplir con un pago de este tipo es algo inaudito en una nación desarrollada, lo que no ha ocurrido durante el transcurso del último medio siglo –  únicamente países en desarrollo o estados fallidos han llegado al punto de caer en la morosidad. Bajo los procedimientos habituales del FMI en este escenario, Grecia recibiría un período de 30 días para pagar el dinero adeudado. Si transcurre este periodo y el país no cumple con el pago, entonces estaría en default técnico, y Grecia se vería presionada para cumplir con sus pagos atrasados.

Sin embargo, Christine Lagarde – Jefe del FMI – indicó que en esta situación, no se aplican las normas habituales – y Grecia se considerará en mora inmediatamente en caso de no cumplir con el pago. Si bien no es totalmente claro si esta es la posición oficial del FMI y que Grecia sin duda alguna no recibirá ningún período de gracia, lo cierto del caso es que el país se hará inelegible para el otorgamiento de fondos adicionales como consecuencia de su incumplimiento. Esto añadiría aún más problemas para Grecia.

No es simplemente que el gobierno se encuentra en riesgo de crisis, con el sistema bancario frágil y expuesto ante la posibilidad de una corrida bancaria o salida de capitales. En caso de que fracasen las negociaciones y que Grecia caiga en default técnico, el siguiente candidato posible para un colapso sería el sistema bancario griego. Una moratoria griega puede venir en varias formas, pero uno de los principales puntos será si permanece en el euro o si sale de la Zona Euro en su totalidad – aunque un default no implica necesariamente abandonar el euro, se espera que ambos escenarios se produzcan juntos si a Grecia se le impide recibir los fondos de rescate adicionales.

Si resulta que Grecia tiene previsto incumplir con el pago de sus deudas y dejar el Euro, el pánico en el sistema bancario griego podría ser en sí mismo un final del juego al igual que el default. Grecia aún tiene más de 120 mil millones de euros acumulados en sus bancos nacionales, sin embargo ante la probabilidad de una salida de la Zona Euro, es muy posible que los titulares de esos depósitos entren en pánico y traten de retirar sus fondos de las cuentas mantenidas en Grecia, y, o bien mantengan los fondos como dinero en efectivo – una corrida bancaria – o envíen esos depósitos a la seguridad de un banco extranjero – una fuga de capitales.

Los temores se derivan de varios movimientos posibles: la reconversión a un nuevo dracma griego, el cual es muy probable que va a depreciarse en valor rápidamente en relación con el euro; la pérdida de depósitos, en caso de que los bancos griegos se vuelvan insolventes y sean incapaces de pagar; la posibilidad de un rescate de los depositantes, como se hizo recientemente en Chipre; mayores controles de capital; o muchas otras amenazas reales o percibidas.

Existe la posibilidad de que un default no signifique una eliminación y salida automática de la Zona Euro para Grecia, pero esto se trata más bien de un área gris cuando se trata de conceptualizar cómo podría ser manejada esta situación. Si todas las partes aceptan que la situación es insostenible cuando se trata de pagar las obligaciones del país, pero que una salida del euro sería perjudicial y un gran paso hacia atrás, entonces podría haber un nuevo período de disrupción en el cual Grecia se ve obligada a entregar un mayor control de su sistema bancario y su gobierno con el fin de evitar una salida completa de la zona Euro. Grecia podría enfrentar otro incumplimiento parcial, como lo hizo en el 2012, y aún así permanecer en el euro.

Ninguna de estas situaciones es particularmente propicia para la buena marcha del país, por lo que hay muchas esperanzas de que un acuerdo pueda ser alcanzado en el último momento, antes de que Grecia se enfrente a varias opciones muy duras.

¿Que puede pasar si Grecia cae en default?

El hecho de no llegar a un compromiso en el último momento podría ver una salida sin precedentes de Grecia de la Zona Euro. Suponiendo que Grecia incumpla y salga del euro para emitir un nuevo dracma, se esperaría que las consecuencias políticas y económicas sean de alta gravedad. Los políticos europeos a menudo han repetido la línea de que “el euro es irreversible” – romper con esta firme opinión podría poner en marcha una serie de eventos que ocasionen un futuro muy diferente para el euro.

Grecia no es el único país que ha enfrentado la austeridad y grandes dificultades económicas, siendo Italia, Irlanda, Portugal y España países que han atravesado duras condiciones desde el 2008, aunque ninguno ha estado cerca de estar en la misma situación griega. A pesar de que los problemas de estos países han mejorado con el tiempo, todavía no están claramente fuera de peligro cuando se trata de reducir la deuda y reequilibrar sus economías. Una salida de Grecia, sobre todo en caso de que precipite una crisis económica en Europa en general, podría ocasionar que los otros miembros con problemas de la Unión Europea encuentren que es más fácil emitir su propia moneda en lugar de permanecer en el euro.

Un default griego, sin una salida del euro, podría ser algo más parecido al default en que incurrió el país en el 2012. Con un poco de suerte, este incumplimiento de pago sería mucho más leve que un default de escala completa y de alguna manera podría allanar el camino para llegar a la solución de la crisis de la deuda. Habría pérdidas, pero en gran parte serían asumidas por los que están en mejor situación que el pueblo griego. Aunque hay esperanza de que dicho incumplimiento sea gentil, siempre existe la posibilidad de que una crisis puede ser provocada en el sistema bancario. Nunca resulta completamente claro cómo los activos y las garantías en poder de una serie de instituciones afectarían un sistema bancario frágil, como el de Europa.

Y con respecto al propio euro, ¿Ganará o perderá valor la moneda común debido a una eventual salida de Grecia? El hecho es que nadie puede decirlo con certeza de antemano. Lo único que es seguro es que el valor del euro va a variar considerablemente dependiendo de la naturaleza del default. Con las formas más suaves de default, que implican una pérdida de valor de distintos activos y la permanencia de Grecia en la Zona Euro, las expectativas son que el impacto será positivo para el euro – pero si ese resultado viene con la indicación de que la crisis va a continuar indefinidamente, no hay garantía de que el euro va a subir debido a las noticias.

Del mismo modo, si Grecia sale de la Zona Euro – la reacción del mercado podría ser sorprendente y confusa en un número de maneras. Muchos esperan que la reacción inicial sea muy negativa, sin embargo una vez que la conmoción de la salida haya terminado, el sentimiento positivo hacia un núcleo más fuerte del Euro podría ocasionar que la divisa recupere su valor, y el final de los encabezados relacionados con la crisis de Grecia sería una fuerza de apoyo para la moneda.

Al ser esta una situación de gran incertidumbre – tanto en el resultado y la reacción del mercado – los traders con posiciones en pares de divisas basados en el euro deben estar especialmente atentos a las noticias que se estarán publicando estos días en relación a Grecia. Los rumores (fundados e infundados) van a ser algo común estos días, aunque todo parece indicar que prácticamente estamos en un escenario de default de Grecia cuyas consecuencias son difíciles de pronosticar.


 

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